Shiu ya es adolescente y sigue siendo neurodivergente. “No se le pasaba la tontería con la edad”.

Shiu estando una tarde preparándose fruta para merendar, se le coló un tomate cherri entre el cúmulo de uvas. Y le vino una metáfora a la cabeza. Ella en su plena adolescencia, teniendo 14 años, se sentía como un tomate cherri entre una sociedad de uvas.

Podía notar que “a los demás” les resultaba simplemente fácil y automático ser una uva.
Y ella sentía que funcionaba en este mundo como si fuera un tomate cherri disfrazado de uva.

Esa necesidad de encajar propia de la adolescencia, sumada a tener una mente divergente, hacían que éste mundo neurotipico fuera un reto para Shiu. Y ni siquiera tenía acceso a información de cómo funcionaba su mente y sus necesidades. Estaba sola en una lucha en la que no debería estarlo. Como sociedad, le estaban forzando a encajar en una norma que le estaba destruyendo poco a poco, haciéndole sentir insuficiente e incapaz.

Shiu no entendía porque necesitaba más tiempo que otros para hacer los exámenes en el instituto, o para llevar el mismo ritmo que los demás. Lo asociaba a que era una persona vaga, sin motivaciones e incapaz.
Aunque si la asignatura era de su especial interés, era capaz de sacar notables o sobresalientes.

Cuando le gustaba una persona o sentía aprecio por ella, le compartía sus intereses propios y eso se puede interpretar desde la visión neurotipica como egocentrismo. Pero su verdadera intención era que se sintiera igual de bien, con ello.
También podía mostrar ese aprecio y cuidado, compartiendo sus propios objetos personales o su comida, por ejemplo. O cogiendo como interés propio, los intereses de esa persona.

<< A las personas neurodivergentes se les puede juzgar erróneamente como personas vagas, cuando están fácilmente más cansadas o en una crisis al límite de su supervivencia. Como egocéntricas, cuando son autoconfiadas o entusiasmadas. Como demasiado o poco sensibles, cuando su forma de sentir y y expresarlo, puede ser distinta. >>

<< Los niños neurodivergentes serán adultos neurodivergentes. Y si no se escucha a los adultos, vivirán los mismos patrones traumáticos que éstos denuncian. >>