Mi segundo mes de voluntariado en Quart de Poblet: reflexiones y nuevos descubrimientos – Mayo 2024

Como mencionaba en mi primer blog, vivir en Quart significa vivir en un pueblo pequeño, pero no demasiado, que cuenta con todo y con muchas comodidades, entre las cuales: la cercanía a Valencia y al aeropuerto, accesibles a través de las líneas de metro 3, 5 y 9; una amplia zona peatonal y ciclista; la proximidad entre los distintos lugares (prácticamente siempre me desplazo a pie); los centros juveniles (que actualmente son mi mundo); la parte natural de Quart.

Mi voluntariado no se lleva a cabo exclusivamente en ‘La Cebollera’ (que es el lugar donde paso la mayor parte de mi tiempo), sino también en Amagatall: un centro juvenil para jóvenes de entre 18 y 30 años, además de ser un espacio en el que los jóvenes de este grupo de edad pueden reunirse para proponer, gestionar y organizar actividades de las que pueden beneficiarse directamente como grupo (grupos de estudio, grupo de feminismo, grupo de juegos de mesa) o bien ofrecer (un ejemplo de esto es el Quart de Nit, una actividad recreativa que se organiza un viernes por la noche al mes para jóvenes de entre 12 y 30 años, y la Muestra de Poesía de este mes, en la que, durante los últimos dos meses, he ayudado en la organización).

Si tuviera que definir Amagatall brevemente, diría que es un lugar en el que los jóvenes tienen el espacio y la posibilidad de reunirse, pero también de comprometerse voluntariamente y con generosidad en la creación de proyectos en los que creen y que puedan ser significativos también para los demás.

Este mes comencé a lanzarme un poco hacia nuevas experiencias: participé en una excursión a Peñíscola y a las cuevas de San José, organizada por un grupo Erasmus, donde tuve la oportunidad de charlar y pasar el día con personas que no conocía; también participé en clases de bachata al aire libre en el Parque Turia.

Mi compañera de piso Elena, que lleva más tiempo aquí, me habló de otras oportunidades de este tipo, intentaré descubrirlas poco a poco.

Este mes, sin embargo, no se ha caracterizado solo por nuevas experiencias, sino también por certezas: algunos de mis familiares ya han venido a visitarme, algunos porque estaban de paso (mis primos habían decidido visitar Valencia antes de que yo misma supiera que iba a partir para este proyecto) y otros por elección.

Mi madre necesitaba apoyo y llevó consigo un bonito grupo de mujeres especiales que me son queridas (mi hermana, mis tías y mi prima), con la adición de un chico: otro de mis primos.

A pesar de que creo mucho en esta nueva experiencia y de que estoy deseando profundizar cada vez más en ella, fue difícil decirles adiós.