El quinto mes de voluntariado en Quart de Poblet: Viajes, Sicilia y Momentos Especiales – Agosto 2024

Agosto comenzó con un viaje a Zaragoza con mi amiga Chiara. ¡Sí, somos como las inseparables! Aunque estoy aprendiendo a disfrutar de viajar sola, hay algo especial en hacerlo con alguien que sabe a dónde llevarte para disfrutar de lo mejor de cada ciudad. Ahora, no soy precisamente la reina de la organización. De hecho, mi estilo de vida suele ser más tipo “improvisemos y veamos qué pasa” (aunque a veces se convierte en una película de terror). Pero en este viaje, Chiara me dio la dosis justa de orden para sobrevivir sin perderme del todo.

Mi primer gran error de la aventura: perder el autobús a Zaragoza. No hay problema, solucionado con un Blablacar y un par de sonrisas nerviosas. Afortunadamente, el resto del viaje fue un sueño, gracias a la mano experta de Chiara en la organización. Zaragoza es una ciudad encantadora con muchísimas cosas que hacer.

Lo primero que hicimos fue visitar el Palacio de la Aljafería, un lugar que te transporta a otra época con su arquitectura islámica y su toque renacentista. Un palacio lleno de historia donde te puedes perder por horas (en el buen sentido). Luego, nos fuimos directas a la Basílica del Pilar, que es algo impresionante. Es imposible no sentirte pequeñita frente a esa fachada barroca gigante. Y si te atreves, puedes subir a la torre y obtener unas vistas panorámicas de la ciudad que dejan sin aliento (yo, por supuesto, no subí porque me da miedo todo lo que implique alturas, pero Chiara lo hizo y la foto la prueba).

Por supuesto, no pudimos perdernos el Museo de Goya (si eres fan del arte, este es el lugar ideal), donde aprendimos un montón sobre el pintor y su conexión con Zaragoza. Después, para bajar todo ese conocimiento artístico, fuimos a caminar por el Parque Grande José Antonio Labordeta, donde la naturaleza te abraza y puedes relajarte mientras disfrutas del aire fresco.

Entre todos los sitios históricos y monumentos, claro, también hubo espacio para la gastronomía. Bajo la guía de Chiara, nos dimos un festín de tapas y platos típicos, como el ternasco (que es un cordero muy tierno y sabroso) y los melocotones al vino. ¡Madre mía, cómo están esos melocotones! No se lo digas a nadie, pero me los comería todos de un tirón.

La cereza del pastel fue cuando recorrimos el Puente de Piedra al atardecer, desde donde las vistas del río Ebro y la ciudad iluminada son mágicas. Todo estaba en su sitio: buena compañía, la mejor ciudad para recorrer y una puesta de sol de película.

Luego de Zaragoza, mi próximo destino fue Sicilia. ¡El viaje no terminó ahí! Como la isla no está muy bien conectada desde Valencia, volé a Palermo, que está bastante lejos de donde vive mi familia. Pero bueno, ¿quién necesita vuelos directos cuando tienes una amiga como Sofía, que vive en Castellammare del Golfo, rodeada de naturaleza? Su casa en el campo es perfecta: tranquila, acogedora, con vistas que te hacen querer quedarte allí para siempre. Y claro, como buena siciliana, me llevó a recorrer la zona en vespa. ¡Nada como el viento en el pelo para sentirte libre!

La playa de Guidaloca, el pequeño pueblo de Scopello y la Reserva Natural de Zingaro fueron algunos de los lugares que visitamos. Y, aunque caminar bajo el sol abrasador de Sicilia puede ser todo un reto, la belleza de la reserva lo compensa. Pero no te vayas sin probar la brioscia con helado después de una caminata por la reserva. ¡No tengo palabras para describir lo deliciosa que es! Solo puedo decir que es como un abrazo en forma de postre.

Y, como todo viaje siciliano, comí más de lo que jamás habría imaginado. Desde raviolis de ricotta (un espectáculo para el paladar) hasta pizza al atardecer en la playa, con el mar y el sol acompañándonos. ¡Y no olvidemos el aperitivo con mis primos! Estaban de paso por Sicilia y fue genial compartir un rato juntos.

Volví de Sicilia a tiempo para celebrar el cumpleaños de Chiara el 24 de agosto. Su amiga y compañera de piso, Costanza, preparó una tarta casera que comimos a la medianoche, acompañada de una deliciosa paella en un restaurante frente al mar. ¡Qué mejor manera de celebrar su cumpleaños que con buena comida y una vista espectacular!

Este mes de agosto ha sido una mezcla de descubrimientos, momentos inolvidables y, por supuesto, un montón de risas. Cada lugar, cada comida, cada paisaje… ¡todo ha sumado para que esta experiencia sea aún más rica y única!